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lunes, 15 de junio de 2009

Desde Bialet Massé: Daniela Selene Lorenzini Sánchez

 DANIELA SELENE LORENZINI SÁNCHEZ

Reside en Bialet Massé, provincia de Córdoba.
Participa desde los catorce años en diversos encuentros literarios.
Llevó adelante en su localidad durante cuatro años las “Jornadas de Narrativa Infantil”, proyecto cultural dirigido básicamente a los niños, siendo parte de ese proyecto la coordinación de un taller de lectura y escritura para niños que actualmente sigue dirigiendo.
Organiza el “Encuentro Nacional de Narrativa Cuento Corto”, y el “Encuentro Nacional de Narradores y Poetas Unidos por las Letras”.
Juntamente con el Taller de Letras “Convertirnos en Palabras” organizó el I Encuentro Infanto Juvenil de Escritores.
Sus trabajos han sido leídos en radios y canales de televisión local, habiendo sido también publicados en diarios y revistas literarias, como en diversas páginas Web.
Participa en numerosas antologías y en septiembre de 2007 presentó su primer libro de cuentos titulado: “¿Quién es? Tío Lui”.  
En enero de 2008, fue distinguida por la Municipalidad de Bialet Massé por su quehacer cultural.
Tío Lu


Sin lugar a dudas Tío Lui, era el habitante más longevo del pueblo. Su sola estampa infundía un solemne e intimidante respeto que sabía suavizar con la ternura de su voz, quizás fuera por eso, o por el irresistible encanto que irradiaba con su presencia, que todos sentíamos una gran admiración por él.
 Lo cierto es que cualquiera fuera la razón, la calma mansedumbre que lo envolvía lograba que indefectiblemente cada tarde, la plaza se llenara de jocosas criaturas que alocadamente corríamos en su búsqueda, y Tío Lui, completamente rodeado de chiquillos como yo, esperaba a que todos sentados sobre el césped nos acomodáramos y acalláramos el bullicio, para recién entonces, sin demora, dar comienzo a la encantadora ceremonia de narrar…
A pesar de que nuestras múltiples preguntas en búsqueda de mayores precisiones, insistían constantemente en interrumpirlo, Tío Lui, nunca se enojaba… No era difícil adivinar que en realidad esperaba nuestras preguntas, tanto como el hecho de poder sorprendernos cada día con algún nuevo y maravilloso relato,… y nosotros, expectantes, resguardados bajo su ancestral sombra de majestuoso pino, aguardábamos ansiosos escucharlo. 
Siempre nos contaba asombrosas historias, algunas que desde su ancestral puesto de vigía él mismo había visto, otras, que había escuchado al viento ó a los pájaros que se posaban sobre sus ramas, y no faltaban aquellas que las estrellas por las noches le susurraban, como así tampoco la de los Ángeles de la Guarda, que con el objeto de proteger a los niños, se reunían en la plaza a la hora de los juegos e intercambiaban deliciosas anécdotas.
Tío Lui, guardaba, en cada una de sus ramas un cuento, y nosotros, cual expertos exploradores, viajábamos por esas ramas a diversos y exóticos países, viviendo insólitas, tenebrosas e incluso encantadas aventuras. Dichosos, escudriñábamos en su tupido follaje ansiando descubrir alguna nueva fábula.
Los relatos de Tío Lui, siempre me cautivaron, podía pasarme horas sentada junto a él escuchándolo, incluso más de una vez, la noche, me obligaba a abandonar la plaza dejando inconcluso el cuento.
A medida que transcurría el tiempo, algo comenzó a inquietarme, la voz de Tío Lui parecía diluirse en el aire, cada vez era más suave, más débil… tanto que me resultaba sumamente difícil escucharlo, entenderlo, y temí, que Tío Lui estuviera enfermo, sin darme cuenta, que quien había comenzado a enfermar con insalvable lógica a la mágica inocencia, era yo. Estaba creciendo y el adulto, no dudaba en aniquilar la fantasía con tal de sobrevivir…
Finalmente una tarde, su voz, me resulto totalmente inaudible… Se apagó,… ya no pude escucharla más. El adulto le había ganado al infante… 
Me ausenté de la plaza, me alejé de Tío Lui, sin embargo, nunca pude olvidarlo.
En mi memoria atesoro cuidadosamente aquellos magníficos momentos, en donde podía oír sus palabras.
Algunas tardes, cuando salgo a caminar, y el niño que llevo dentro me lleva hasta la plaza, Tío Lui, desde lejos, parece mirarme esperanzado y conmovido… Y yo, yo, como uno más de los niños presentes, me siento en silencio en la ronda… Para escuchar sus cuentos.




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